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¿Decides desde tu mente o desde tu corazón?

Durante una época de mi vida, me volví mental. No se decirte cuando lo hice ni como, pero como herramienta de supervivencia me desconecté del cuerpo y la emoción y le di todo el poder a mi mente. Y bueno, no recuerdo que fueran unos buenos años, pero si en cambio sé que me permitieron sobrevivir y operar de una manera que en ese momento me hacía menos daño.

Por suerte, cuando empecé la terapia y los grupos terapéuticos mi cuerpo fue despertando y mis emociones contenidas empezaron a aflorar. Empecé a abrirme de nuevo a todo ese lenguaje de mi cuerpo de nuevo, después de muchos años, empecé a conectarme desde mi unidad, desde los sentimientos y las emociones, desde el sentir corporal y no sólo desde la cabeza. Y os aseguro que fue un gran descubrimiento, el notar como mi cuerpo se iba aflojando e iba hablándome de mis estados emocionales. Y fue increíble descubrir otra manera de funcionar que tenía olvidada. No quiero decir que fuera fácil, para nada. Fue complejo ir aprendiendo este idioma nuevo, aceptar la intensidad de las emociones y de los mensajes corporales, entender lo que me decía, comprender que necesitaba para ir regulando mi emocionalidad. Sin embargo, ahora tengo esta herramienta muy despierta, y se diferenciar cuando mi mente pensante está escogiendo el camino o cuando mi cuerpo y mi emoción están decidiendo. Y no digo que no sea importante tener una mente pensante para operar desde ahí, pero es importante saber cuando usarla y para qué. Hay decisiones que no pueden ser tomadas desde la cabeza sino de eso que comunmente llamamos corazón. Y con corazón para mí, hablamos no sólo desde el corazón, sino desde las entrañas, desde tu yo más interno, desde tu alma. Porque desde este lugar no hay dudas, no hay equivocación, solo hay verdad. Y a veces nos cuesta aceptar la verdad. Porque no es el momento, porque no es la persona, porque las circunstancias no favorecen…. por muchas cosas que evidentemente hay que valorar y que la mente nos recuerda. Sin embrago verdad es una. La verdad auténtica que está alineada con nosotros, cuando contactamos con ella, no podemos obviarla. Debemos seguirla para estar alineados, para estar en paz interna.

En el proceso terapéutico aprendemos a escuchar todas las partes de nosotros mismos, a distinguir los mensajes, a usar el cuerpo como herramienta, a conectar con nuestra verdad, a saber cuando estamos decidiendo desde la cabeza y cuando desde el corazón. En definitiva a comprendernos mejor y a buscar estar más alineados y coherentes con nosotros mismos y por tanto con nuestro bienestar.

¿Quieres conectarte con el bienestar y la paz interna?